viernes, 10 de diciembre de 2010

¡Eulate txapeldun!

Este mundo global que nos toca vivir hace que uno se entere de las cosas que ocurren a miles de kilómetros de distancia. Unas agradan. Otras te revuelven el estómago de indignación y te dejan el cuerpo echo trizas. Es lo que me ocurrió cuando tranquilamente navegaba en fechas recientes por la red social Facebook. Peio Martínez de Eulate, el primo, amigo y pelotari que tantas alegrías nos ha dado al pueblo de Oteiza, escribía: "El domingo en Éibar voy a jugar mi último partido con Aspe. Seguramente sea el partido más complicado de mi vida, pero hay que jugarlo". Me hubiera gustado estar en las gradas del Astelena para alentarla como en sus buenos tiempos. Lamentablemente la distancia me lo impidió, pero no tengo dudas de que una nutrida representación lo animaría como en las épocas de vino y rosas.


Su palmarés es envidable y cualquier pelotari del cuadro profesional daría un dedo por él: Campeón navarro mano parejas juvenil 1997-98. Subcampeón de España de clubs División de Honor por parejas 1998. Subcampeón de Europa de clubs División de Honor parejas 1999. Campeón Interpueblos navarro parejas 1999. Campeón Interpueblos de Euskal Herria 2000. Y, sobre todo y más importante, campeón del Parejas siendo ya profesional en sus dos únicas participaciones en el torneo, 2006 y 2007, junto a Juan Martínez de Irujo e Yves Xala, respectivamente.


Peio es un pelotari catalogado como tal, es decir, muy pelotari. Su 1,98 de altura (sólo llegó a los dos metros para librarse de la mili), le restaban vistosidad en sus movimientos en la cancha. Pese a que nunca destacó por su pegada, sí lo hizo por fallar muy poca pelota y saberla arrimar a pared con maestría. Jugador de parejas, el mano a mano y el cuatro y medio no eran lo suyo, supo reivindicarse cuando le dieron su oportunidad y demostró siempre crecerse en los momentos de mayor presión.

Su empresa, Aspe, nunca confió demasiado en él. Sí lo hicieron sus compañeros. Irujo y Xala, dos extraordinarios delanteros, le llevaron, junto a esa ruidosísima afición que nunca le abandonó, a las cotas más elevadas a las que podía aspirar. Dos únicas participaciones y dos campeonatos en el Parejas. 100 % de efectividad. Como diría el clásico Ogueta, "no se puede pedir más".

Lo inexplicable sucedió justo un año después, en la presentación del campeonato de 2008. Contra todo pronóstico y sin ningún tipo de justificación, Peio fue excluido del Parejas. Nunca lo volvería a jugar. Un palo demasiado grande y, en mi humilde opinión, tremendamente injusto. Puede que no estuviera atravesando su mejor momento de juego, de acuerdo, pero al campeón se le debe dar siempre la oportunidad de defender su txapela. Si el frontón le pone en otro lugar será otro cantar. Creo que, una vez más, hubiera respondido como el gran pelotari que es. El golpe moral de verse marginado de su competición debió ser brutal.

A los que nos gusta la pelota y seguimos con pasión esos dos campeonatos en los que se alzó campeón siempre recordaremos a Peio con la txapela calada en el Ogueta. Los domingos de autobús rumbo a Vergara para seguir las semifinales o los festejos de domingo en la Runa tras jornadas memorables para todo Oteiza en la capital alavesa. Nadie nos hará nunca entender porqué fue excluido de aquél Parejas de 2008. Siempre será nuestro txapeldun.

Hace unos días Luis Guinea, el periodista que cubre con maestría la pelota para Diario de Navarra, comentaba con Juan Martínez de Irujo la noticia de que Peio dejaba la empresa. Juan valoraba así la mala nueva: "Me dio tristeza, pena porque es un chaval que tiene edad y condiciones para jugar años a pelota. Ha tenido una temporada mala por las manos y por su situación contractual. Pero bueno, Peio es fuerte y sabrá salir de esta". Ojalá lo demuestre, y sería genial que lo hiciese jugando a pelota, que es lo que mejor sabe hacer en esta vida. Aquí tiene mi apoyo para lo que necesite. Ánimo Peio. En Baigorri seguimos teniendo un campeón.

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