lunes, 28 de septiembre de 2009
sábado, 26 de septiembre de 2009
El fotógrafo precoz

Hay una frase popular que dice que se aprende por envidia. Envidia sana cuando veo cómo un chaval de unos 20-21 años, Salvador Arellano, es capaz de hacer fotografías como las de aquí debajo. Camino de convertirse tras este curso en periodista, está claro que fijará sus pasos en el fotoperiodismo. No le fallan ni la aptitud ni la actitud. Viajero insaciable, aficionado al monte, su cámara se ha encotrado y se encontrará muchos encuadres interesantes. Si a esto le sumas su maestría en la técnica y su dominio de la luz, el resultado es extraordinario. Ojo con este pájaro de aquí a la derecha, porque es de buen agüero y llegará lejos. Desde aquí te seguiremos.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Tal vez ella estuvo allí
No sé quién es, cómo se llama, su edad o si estudia o trabaja. Apenas recuerdo el instante en que la fotografié. Era el segundo día en Cuba. Paseábamos en un carruaje por las calles más desfavorecidas de La Habana Vieja. El cochero, tras un rato regateando, accedió a prolongar el paseo ‘oficial’ y sumergirnos en los barrios marginales, los que se quedan fuera de la ruta pensada para los españolitos que traen las divisas.Fue allí, en aquella esquinita de Cuba, donde apareció. A simple vista parecía simplemente una chica muy guapa. Giré la cámara mientras el carro avanzaba al trote de los caballos y pulsé el botón. Tras medio curso de fotoperiodismo, reconozco que no fui capaz de controlar la luz ni el enfoque. El encuadre, queda claro, tampoco fue el buscado.
Sin embargo, es la foto que con más cariño guardo del viaje. No se ve la mirada –algo importante en fotografía- y no tenemos ni idea de qué ocupa su atención. Pero al mismo tiempo, dentro de sus limitaciones, habla de la gente de La Habana. Desconocida y atractiva a un tiempo, sumida en el anhelo de algo mejor y en la nostalgia de lo que pudo ser y podría ser. Ese pueblo que, así se percibió, tanto ansía aires de libertad como ama profundamente a su líder.
Ayer, los habaneros, tal vez la chica de la foto, pudieron disfrutar en la Plaza de la Revolución de unas horas de música. Ríos de tinta han corrido tanto a favor como en contra de la iniciativa de Juanes de llevar su ‘Paz sin Fronteras’ hasta la isla caribeña. Muchos señalaban que es una barbaridad, mientras para otros una oportunidad histórica y signo inequívoco de aperturismo.
Sólo fue un concierto. Y tal vez ella estuvo allí. Igual de guapa, más contenta y con la mirada al frente. Si fue así, ojalá lo disfrutara.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
David, el warholiano

Aquí lo tenéis, al buenazo de Arguedas. David Miranda Falces, hombre del tiempo de Heraldo de Aragón, nos demuestra toda su creatividad en algo más de media docena de imágenes.
PD: Sí, el que sale ahí arriba es David. Un abrazote artistazo. Y lo que tenéis aquí debajo son los trabajos que tiene el gusto de compartir con nosotros.
http://www.flickr.com/photos/xanzeo/show/
domingo, 13 de septiembre de 2009
El Lucho
El día 24 de diciembre de 2007 dejé de jugar a fútbol. Una mala caída con la moto con posterior atropello de quad dejó mi cuerpo bastante bluff: dos vértebras y tres ligamentos de la rodilla derecha rotos, además de contusiones varias, una pala y algún que otro mal que ya no recuerdo fueron el balance de la caída. Toda una travesía del desierto por delante para una recuperación digna.
El día escogido no pudo ser más adecuado. Con la nochebuena en los talones, no se me ocurrió mejor idea que cenar en el hospital de Estella hasta nochevieja, y de paso chafar la Navidad a la familia, con Román y la mamá a la cabeza (gracias por todo otra vez). Y yo, en vez de pensar en lo mal que estaba, en la suerte que había tenido de que la cosa no pasara a mayores, sufría porque veía que no iba a poder jugar a fútbol en una buena temporada.
Y tanto. De enero a marzo de 2008 con un corsé en la espalda y pinta de Robocop por la vida. Después, operación de la rodilla en mayo en Ubarmin. Otra semanita para reconstruir una lesión importante y poco común. Tuvieron que tirar del banco de huesos y dicen que pusieron los ligamentos de un muerto.
Con los exámenes de junio de 3º de carrera en los talones, tocó estudiar postrado. Pero lo sacamos adelante. Se volvió, pese a que todos los días había que dedicar dos horas a la rehabilitación, a las prácticas a la edición de Tierra Estella del DN. Poco a poco la rodilla fue mejorando, pero no estaba para jugar. Y mis horarios no me permitían entrenar.
Como no podía estar con mis compañeros del Idoya, pensé que una buena opción sería quitarse el mono en la sección de Deportes, donde al menos podría seguir la actualidad del fútbol regional. Pude ver muchos partidos de Tercera y recoger innumerables crónicas de Preferente y Primera Regional. Y, lo más importante, hice amistad con mucha gente a la que sin el accidente quizás ni hubiera conocido.
Ya curado plenamente, quisiera haber comenzado la pretemporada y volver a calzarme la zamarra del Idoya, pero los horarios en esta profesión me han jugado una mala pasada y no me lo permiten. Por eso, el pasado viernes, cuando en mi día de fiesta pude jugar un amistoso entre los equipos A y B, fue algo especialmente bonito para mí. Fue una pachanga, pero yo me volví a sentir futbolista demasiado tiempo después.
Había entrenado, sí. Pero jugar es diferente. Como dice Crivillé: "Son las carreras". Es la competición. La que te sube la adrenalina, te cambia el carácter y saca lo mejor y lo peor de ti. Echaba de menos el fútbol. Pero hoy, 22 meses después del accidente, veo que puedo volver a jugar. Y me gusta. Formar parte de un equipo de fútbol, lo que hice diez meses al año de los 7 a los 21, siempre me encantó. Y pienso volver a hacerlo. El Lucho no se ha ido, y tiene unas ganas locas. Nos vemos en Iturtxipia.
El día escogido no pudo ser más adecuado. Con la nochebuena en los talones, no se me ocurrió mejor idea que cenar en el hospital de Estella hasta nochevieja, y de paso chafar la Navidad a la familia, con Román y la mamá a la cabeza (gracias por todo otra vez). Y yo, en vez de pensar en lo mal que estaba, en la suerte que había tenido de que la cosa no pasara a mayores, sufría porque veía que no iba a poder jugar a fútbol en una buena temporada.
Y tanto. De enero a marzo de 2008 con un corsé en la espalda y pinta de Robocop por la vida. Después, operación de la rodilla en mayo en Ubarmin. Otra semanita para reconstruir una lesión importante y poco común. Tuvieron que tirar del banco de huesos y dicen que pusieron los ligamentos de un muerto.
Con los exámenes de junio de 3º de carrera en los talones, tocó estudiar postrado. Pero lo sacamos adelante. Se volvió, pese a que todos los días había que dedicar dos horas a la rehabilitación, a las prácticas a la edición de Tierra Estella del DN. Poco a poco la rodilla fue mejorando, pero no estaba para jugar. Y mis horarios no me permitían entrenar.
Como no podía estar con mis compañeros del Idoya, pensé que una buena opción sería quitarse el mono en la sección de Deportes, donde al menos podría seguir la actualidad del fútbol regional. Pude ver muchos partidos de Tercera y recoger innumerables crónicas de Preferente y Primera Regional. Y, lo más importante, hice amistad con mucha gente a la que sin el accidente quizás ni hubiera conocido.
Ya curado plenamente, quisiera haber comenzado la pretemporada y volver a calzarme la zamarra del Idoya, pero los horarios en esta profesión me han jugado una mala pasada y no me lo permiten. Por eso, el pasado viernes, cuando en mi día de fiesta pude jugar un amistoso entre los equipos A y B, fue algo especialmente bonito para mí. Fue una pachanga, pero yo me volví a sentir futbolista demasiado tiempo después.
Había entrenado, sí. Pero jugar es diferente. Como dice Crivillé: "Son las carreras". Es la competición. La que te sube la adrenalina, te cambia el carácter y saca lo mejor y lo peor de ti. Echaba de menos el fútbol. Pero hoy, 22 meses después del accidente, veo que puedo volver a jugar. Y me gusta. Formar parte de un equipo de fútbol, lo que hice diez meses al año de los 7 a los 21, siempre me encantó. Y pienso volver a hacerlo. El Lucho no se ha ido, y tiene unas ganas locas. Nos vemos en Iturtxipia.
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