martes, 24 de abril de 2012

Nosaltres



Soy un joven de los bien llamados precarios, de esos que, de estar en España, formaría parte del 50 % de la población de entre 18 y 30 años que no tiene empleo. Me solidarizo con las decenas de familias desahuciadas cada día en nuestro país y con los trabajadores afectados por los expedientes de regulación de empleo. Mi generación es la que jamás podrá pagarse una vivienda digna sin tener que deber la vida a un banco por el resto de nuestros días. Es la de los recortes, en educación, en sanidad... .

Formo parte de los que hemos emigrado buscando en otro lugar, en este caso en México, una vida mejor. Soy uno más de esa mayoría social que estamos sufriendo en nuestra propia piel las consecuencias de un expolio. Eso sí, como dice este vídeo, soy también uno más de los que se resignan a ver cómo muere la gente en las listas de espera de los hospitales. No tolero cómo las condiciones de vida de la mayoría caen en picado mientras el lujo se dispara. Llevo mal ver a la gente durmiendo en la calle mientras las viviendas vacías se pudren en la especulación. No entiendo cómo las partidas presupuestarias destinadas al gasto social siguen recortándose mientras los presupuestos en armamento, casa real o iglesia se mantienen. 

Es vergonzoso cómo perdemos poder adquisitivo, cómo el salario real disminuye cada año mientras los beneficios de banqueros y directivos se sobredimensionan de manera insultante. Se ha de situar las personas por encima de la economía. Alzar nuestras manos y voces. Refundar la sociedad de una forma solidaria e intentar crear un nuevo vínculo social. 

Si la clase política y económica desoye estos ánimos de cambio es normal que, como ocurrió en la huelga del 29 de marzo, estalle el conflicto social. Porque estalla la rabia, la desesperación, la impotencia, el dolor acumulado, la falta de esperanza de toda una generación masticada en silencio. Formo parte de una generación a la que le gustaría decir que las cosas funcionan de otra manera. Una en la que una mayoría social, multitudinaria y creativa transformara las raíces de las causas de este malestar. Una libre, digna y solidaria. Está en nuestras manos. Somos jóvenes. Podemos lograrlo.


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